Esta Sección de la Liga Iberoamericana de Astronomía tiene como objetivo fundamental: La divulgación de la Ciencia orientada a los Exoplanetas o planetas extrasolares. Vincular y organizar a los Observadores con este interés en particular. La difusión de las nuevas técnicas empleadas por los aficionados para la detección de Exoplanetas. El colectar los reportes de Observadores para futuros proyectos de investigación en colaboración con profesionales.

Dan los primeros pasos tentativos para explorar el posible clima de Proxima b
por Amelia Ortiz · Publicada 17 mayo, 2017 ·
17/5/2017 de University of Exeter / Astronomy & Astrophysics
Esta ilustración nos muestra la superficie del planeta Próxima b orbitando a la estrella enana roja Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sistema Solar. Crédito: ESO/M. Kornmesser.

Un equipo de investigadores ha dado los primeros pasos en el estudio del posible clima del exoplaneta hallado en órbita alrededor de la estrella más cercana a nuestro Sistema Solar, Próxima Centauri. Los estudios iniciales sugerían que el planeta se encuentra en la zona habitable de la estrella, es decir, la región donde, si tiene una atmósfera como la de la Tierra y una estructura adecuada, recibiría la cantidad de luz justa para mantener agua líquida en su superficie.

Ahora, un equipo de expertos en astrofísica y meteorología se ha puesto a investigar el posible clima del planeta para revelar, en última instancia, si posee la capacidad de mantener vida.

Utilizando un moderno modelo, que ha sido empleado con éxito en el estudio del clima de la Tierra durante varias décadas, el equipo de científicos simuló el clima de Proxima b, si tuviera una atmósfera con una composición similar a la de nuestra propia Tierra. También examinaron el caso con una atmósfera mucho más sencilla, compuesta por nitrógeno con trazas de dióxido de carbono, así como variaciones en la órbita del planeta. Esto les permitió comparar y superar estudios anteriores.

Los resultados de las simulaciones demostraron que Proxima b podría tener el potencial de ser habitable y gozar de un clima notablemente estable. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer antes de determinar si este planeta puede mantener, o de hecho mantiene, vida de algún tipo.

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Astrónomos observan por primera vez la formación de planetas

por Amelia Ortiz · Publicada 17 mayo, 2017 ·
17/5/2017 de University of Michigan / Nature Astronomy


El sistema planetario observado en este estudio muestra un aspecto similar al de esta imagen de ALMA del disco de formación de planetas alrededor de un joven estrella de tipo solar. El recuadro (parte superior derecha) hace un zoom sobre el hueco más cercano a la estrella, que está a la misma distancia a la que se encuentra la Tierra del Sol, lo que sugiere que una versión infantil de nuestro planeta podría estar surgiendo del polvo y el gas. Las características adicionales concéntricas claras y oscuras, representan a otras regiones de formación de planetas en regiones del disco más alejadas. Crédito: S. Andrews (Harvard-Smithsonian CfA), ALMA (ESO/NAOJ/NRAO).

Observar la formación de un planeta no es fácil.  Los planetas se forman en el plano medio de discos de partículas de gas y de polvo que rodean estrellas jóvenes y hasta ahora, los astrónomos no habían podido observar este plano medio debido a que los gases en el disco son demasiado opacos.

Por primera vez, utilizando los datos de ALMA, el telescopio internacional localizado en Chile, un grupo de astrónomos de la Universidad de Michigan han podido observar la formación de planetas, registrando la temperatura y cantidad de gas presente en las regiones más prolíficas de  ‘producción’ de planetas.“Previamente, hemos observado discos en el proceso de elaboración de planetas, pero nuestras observaciones sólo arañaban la superficie”, dijo Edwin Bergin. Ahora, Bergin y su equipo, que incluye al becario postdoctoral Ke Zhang, desarrollaron un método que permite asomarse a ese plano medio, en este caso, un disco a unos 180 años luz de distancia con un sol alrededor de 0,8 veces la masa de nuestro Sol.

Para observar la temperatura y otras condiciones del nacimiento de un planeta, los astrónomos utilizaron hidrógeno molecular, la molécula más abundante en una región donde se forman planetas o estrellas. Debido a que el hidrógeno molecular no se puede detectar en las temperaturas frías asociadas con los nacimientos de planetas, los astrónomos se centraron en una molécula diferente que existe junto al hidrógeno molecular, siendo utilizada como un proxy para el hidrógeno molecular. El equipo utilizó una forma rara de monóxido de carbono como esta ‘molécula trazadora’.

Basados en la distribución de este monóxido de carbono, los astrónomos pudieron calcular la cantidad de masa disponible en el plano medio de una formación planetaria. Usando una forma diferente de monóxido de carbono, los investigadores también midieron la temperatura de la región sobre la base de cuán brillantemente la molécula brillaba. Otra conclusión importante de este trabajo es la primera medición directa de lo que se llama la línea de nieve de monóxido de carbono. Esta línea de nieve es el radio en el que el monóxido de carbono se congela en el plano medio. Más allá de este radio, el calor del sol ya no puede mantener el monóxido de carbono en forma de vapor en el plano medio y se congela como hielo sobre la superficie de los granos de polvo.

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Vientos variables en un exoplaneta gigante caliente ayudan a estudiar el campo magnético

por Amelia Ortiz · Publicada 16 mayo, 2017 ·
16/5/2017 de Planetary Science Institute


Ilustración de la atmósfera turbulenta de un planeta gigante caliente mucho mayor que Júpiter, similar a HAT-P-7b. Crédito: NASA/JPL-Caltech/MIT/Principia College.

La científico senior Tamara M. Rogers, del Planetary Science Institute, ha descubierto que la gran variabilidad de los vientos del exoplaneta gigante caliente HAT-P-7b es debida al magnetismo y ha utilizado esas medidas para desarrollar un método nuevo que permite determinar el campo magnético de este tipo de objetos.

HAT-P-7b fue descubierto por la misión Kepler de NASA en 2008. Es casi un 40 por ciento mayor y casi un 80 por ciento más masivo que Júpiter. Completa una órbita alrededor de su estrella cada dos días y se halla tan cerca que la temperatura en la cara diurna podría ser de 2200 Kelvin (1927ºC), con una cara nocturna 1000 Kelvin (727 ºC) más fría.

Esta gran diferencia entre las temperaturas del día y de la noche produce fuertes vientos en la atmósfera que soplan hacia el este y desplazan las temperaturas más altas lejos de la zona del planeta que apunta directamente a la estrella en la cara diurna (el punto subestelear). Sin embargo, esta zona caliente se desplaza de manera importante con el transcurso del tiempo, incluso acabando en el lado oeste del punto subestelar. Esto significa que también los vientos cambian de manera significativa.

“Las temperaturas extremas de HAT-P-7b ionizan los metales alcalinos como litio, sodio y potasio, lo que produce el acoplamiento de la atmósfera al campo magnético. Las fuerzas magnéticas son entonces capaces de perturbar los fuertes vientos hacia el este, produciendo vientos variables e incluso de direcciones opuestas”, afirma Rogers. Utilizando un modelo hidrodinámico de la atmósfera en combinación con un modelo magnetohidrodinámico para reproducir las variaciones observadas en la posición de la zona caliente, Rogers consiguió determinar un valor mínimo de la intensidad del campo magnético de este planeta hallando que es seis veces el de la Tierra.

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Un nuevo planeta “de poliestireno” proporciona herramientas para buscar planetas habitables

por Amelia Ortiz · Publicada 16 mayo, 2017 ·
16/5/2017 de Phys.org / The Astrophysical Journal


Ilustración de artista del KELT-11b, un exoplaneta en órbita alrededor de una estrella brillante en el hemisferio sur. Crédito: Walter Robinson/Lehigh University.

Los alumnos de quinto de primaria que hacen planetas de poliestireno podrían esta en lo correcto. Investigadores de la Universidad de Lehigh han descubierto un nuevo planeta en órbita alrededor de una estrella a 320 años-luz de la Tierra que tiene la densidad del poliestireno. Este “planeta fofo” podría ofrecer oportunidades para estudiar atmósferas que serían útiles en la búsqueda de señales de vida en otros planetas en el futuro.

“Está muy hinchado, así que aunque solo tiene un quinto de la masa de Júpiter, es casi un 40 por ciento más grande, convirtiéndolo en denso como el poliestireno, con una gran atmósfera”, afirma Joshua Pepper (Universidad de Lehigh).

La estrella nodriza del planeta es extremadamente brillante, lo que permite medir con precisión las propiedades de la atmósfera del planeta, convirtiéndolo “en un banco de pruebas excelente para medir las atmósferas de otros planetas”, afirma Pepper. Tales observaciones ayudarán a los astrónomos a desarrollar herramientas para ver los tipos de gases que hay en las atmósferas, algo que será necesario conocer en los próximos 10 años cuando apliquen técnicas similares a exoplanetas parecidos a la Tierra con la nueva generación de telescopios que están siendo construidos ahora.

El planeta, llamado KELT-11b, es una versión extrema de un planeta, como Júpiter o Saturno, pero se halla en órbita muy cerca de su estrella, completando un giro en menos de cinco días. La estrella, KELT-11, ha empezado a utilizar su combustible nuclear y está evolucionando en una gigante roja, así que el planeta será engullido por la estrella y no sobrevivirá a los próximos cien millones de años.

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Un “Neptuno templado” posee una atmósfera inesperadamente primitiva

por Amelia Ortiz · Publicada 12 mayo, 2017 ·
12/5/2017 de JPL / Science


La atmósfera de un lejano “Neptuno templado” HAT-P-26b, ilustrada aquí, es inesperadamente primitiva, compuesta principalmente por hidrógeno y helio. Crédito: NASA/GSFC .

Un estudio que combina observaciones de los telescopios espaciales Hubble y Spitzer revela que el lejano planeta HAT-P-26b posee una atmósfera primitiva compuesta casi por competo de hidrógeno y helio. Situado a 437 años-luz de distancia, HAT-P-26b está en órbita alrededor de una estrellas que es el doble de vieja que el Sol.

El análisis nuevo representa uno de los estudios más detallados hasta la fecha de un “Neptuno templado” o planeta que tiene el tamaño de Neptuno y se encuentra cerca de su estrella. Los investigadores determinaron que la atmósfera de HAT-P-26b está relativamente libre de nubes y posee una fuerte indicación de agua, aunque el planeta no sea un mundo de agua. Se trata de la mejor medición hasta la fecha de agua en un exoplaneta de este tamaño.

El descubrimiento de una atmósfera en este exoplaneta con esa composición particular tiene consecuencias para lo que piensan los científicos acerca del nacimiento y desarrollo de los sistemas planetarios. Comparado con Neptuno y Urano, los planetas de nuestro Sistema Solar con una masa similar, HAT-P-26b probablemente se formó más cerca de su estrella nodriza o más tarde en el desarrollo de su sistema planetario, o ambos.

Como el estudio proporcionó una medida precisa del agua, los investigadores han podido utilizarla para estimar lo rico que es el planeta en elementos “metálicos”, es decir, más pesados que el hidrógeno y el helio, lo que a su vez indica cómo se formó el planeta. En nuestro Sistema Solar, las cantidades de elementos metálicos son menores cuanto mayores son los planetas. Otros dos exoplanetas siguen esta tendencia, HAT-P-11b (de la masa de Neptuno) y WASP-43b (dos veces más masivo que Júpiter). Pero Wakeford y sus colaboradores han encontrado que HAT-P-26b no sigue esta tendencia. Determinaron que su contenido en metales es sólo unas 4.8 veces el del Sol, mucho más cerca del valor para Júpiter que para Neptuno. Los investigadores atribuyen esta diferencia a que este planeta no se formó como lo hizo Neptuno.

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Los planetas de TRAPPIST-1, orbitando en armonías sincronizadas

por Amelia Ortiz · Publicada 11 mayo, 2017 ·
11/5/2017 de University of Toronto / Astrophysical Journal Letters


El descubrimiento del sistema planetario TRAPPIST-1 a principios de este año por un equipo belga de astrónomos creó un gran interés al conocerse que hay tres planetas en la zona habitable de la estrella. Pero también produjo confusión dado que el sistema parecía ser altamente inestable, en peligro de destruirse a sí mismo. Ahora astrofísicos de la Universidad de Toronto pueden haber resuelto este problema, con música de jazz y animación.

Dan Tamayo, investigador del Centro de Ciencia Planetaria de la Universidad de Toronto, su compañero astrofísico Matt Russo, que toca jazz, y el músico Andrew Santaguida se reunieron en un estudio de animación de Toronto para ilustrar la  configuración especial del sistema planetario. Acelerando las secuencias orbitales de los planetas al intervalo auditivo humano, han creado una especie de sinfonía que está sonando a más de 40 años luz de distancia.

En configuraciones resonantes, los periodos orbitales de los planetas forman proporciones de números racionales. Por ejemplo, Neptuno da tres vueltas alrededor del Sol en el mismo tiempo que Plutón tarda en dar dos giros. Esto es bueno para Plutón porque, si no fuera así, no existiría. Como las órbitas de los dos planetas se cruzan, si todo fuera aleatorio, acabarían chocando. Pero debido a la resonancia, las posiciones relativas de los planetas uno respecto del otro se van repitiendo.

TRAPPIST-1 lleva este principio a otro nivel completamente diferente, con los siete planetas encontrándose en una cadena de resonancias. Tamayo, Russo y Santaguida crearon la animación, en la que suena una nota de piano cada vez que los planetas pasan por delante de su estrella y un golpe de tambor cada vez que un planeta adelanta a us vecino más próximo. “Existe un patrón rítmico repetitivo que asegura que el sistema permanece estable a lo largo de un gran periodo de tiempo”, comenta Russo.

[Fuente Noticia]


Video realizado por Fernando Minonne (AAA, Montevideo, Uruguay)