Esta Sección de la Liga Iberoamericana de Astronomía tiene como objetivo fundamental: La divulgación de la Ciencia orientada a los Exoplanetas o planetas extrasolares. Vincular y organizar a los Observadores con este interés en particular. La difusión de las nuevas técnicas empleadas por los aficionados para la detección de Exoplanetas. El colectar los reportes de Observadores para futuros proyectos de investigación en colaboración con profesionales.

Historia de dos planetas, según el telescopio espacial Hubble

por Amelia Ortiz · Publicada 6 junio, 2017 ·
6/6/2017 de Hubblesite

Esta ilustración compara las atmósferas de dos planetas del tipo júpiter caliente en órbita muy cerca de dos estrellas del tipo del Sol. Observando cómo la atmósfera de cada planeta filtra la luz de su estrella correspondiente, los investigadores han estudiado la presencia de vapor de agua en ellas. Crédito: NASA, ESA, y Z. Levy (STScI).

En un experimento único, científicos del telescopio espacial Hubble de NASA/ESA han estudiado dos exoplanetas del tipo júpiter caliente. Dado que los dos planetas tienen virtualmente la misma temperatura y tamaño y que se encuentran en órbita a la misma distancia alrededor de estrellas casi idénticas, los investigadores suponían que sus atmósferas debían de ser similares. Lo que encontraron les sorprendió.

Giovanni Bruno (Space Telescopio Science Institute) explica: “Lo que vemos al observar las dos atmósferas es que no son iguales. Un planeta, WASP-67 b, es más nuboso que el otro, HAT-P-38b. No vemos lo que esperábamos y necesitamos averiguar la razón por la que encontramos esta diferencia”.

Los investigadores emplearon la cámara de gran campo WFC3 para observar las ‘huellas dactilares’ espectrales del planeta, que permiten averiguar su composición química. “El hecho de que las nubes tengan la señal espectral del agua nos permite medir la cantidad de nubes presentes en la atmósfera”, explica Bruno. “Más nubes indican que la señal del agua es menor”. Los científicos descubrieron que en el caso de WASP-67b hay más nubes, a la altura estudiada con este método. “Esto nos indica que tuvo que haber algo en su pasado que ha cambiado el aspecto de estos planetas”, sigue Bruno.

Quizás un planeta y el otro se formaron de manera distinta, bajo un conjunto diferente de circunstancias. “Se puede decir que es un caso de ‘innato o adquirido’ “, comenta el investigador Kevin Stevenson. “Ahora mismo parecen tener propiedades físicas iguales. Por tanto, si su composición viene definida por su estado actual, entonces debería de ser la misma para los dos planetas. Pero no es ése el caso. Parece, en cambio, que sus historias de formación podrían jugar un papel importante”.

Las nubes de estos planetas gigantes de gas similares a Júpiter no tienen nada que ver con las de la Tierra. Se trata probablemente, de nubes alcalinas, compuestas por moléculas como el sulfuro de sodio y el cloruro de potasio. La temperatura media en cada planeta es de más de 700ºC. Los exoplanetas se hallan en rotación síncrona , dirigiendo siempre la misma cara hacia la estrella. Esto significa que tendrán una cara diurna muy caliente y una nocturna más fría. En lugar de exhibir bandas de nubes múltiples como Júpiter probablemente sólo tengan una amplia banda ecuatorial que desplaza lentamente el calor desde la cara diurna a la nocturna.

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Descubren un planeta más caliente que la mayoría de las estrellas

por Amelia Ortiz · Publicada 6 junio, 2017 ·
6/6/2017 de JPL / Nature

Ilustración de artista que muestra al planeta KELT-9b en órbita alrededor de su estrella, KELT-9. Se trata del planeta gigantes de gas más caliente descubierto hasta ahora. Crédito: NASA/JPL-Caltech.

Un mundo recién descubierto similar a Júpiter es tan caliente que está siendo vaporizado por su propia estrella. Con una temperatura en la cara diurna de 4600 K (4873 ºC), KELT-9b es un planeta más caliente que la mayoría de las estrellas. Pero su estrella azul de tipo A, llamada KELT-9, es incluso más caliente y, de hecho, probablemente está destruyendo el planeta por evaporación. “Se trata del gigante de gas más caliente que ha sido descubierto”, afirma Scot Gaudi (The Ohio State University).

KELT-9b es 2.8 veces más masivo que Júpiter, pero sólo la mitad de denso. Los científicos esperaban que tuviera un radio menor, pero la radiación extrema de su estrella ha provocado que la atmósfera del planeta se hinche como un globo. Debido a que el planeta se encuentra en rotación síncrona con su estrella (al igual que la Luna con la Tierra), una cara está siempre dirigida hacia la estrella y la otra se encuentra en oscuridad perpetua. Las moléculas como el agua , dióxido de carbono y metano no pueden formarse en la cara diurna porque es bombardeada por demasiada radiación ultravioleta. Las propiedades de la cara nocturna siguen siendo misteriosas; quizás puedan formarse moléculas allí, pero probablemente sólo temporalmente.

“Es un planeta según todas las definiciones típicas de la masa, pero su atmósfera es casi seguramente distinta de cualquier otro planeta que hayamos visto debido a la temperatura de su cara diurna”, explica Gaudi.

La estrella KELT-9 sólo tiene 300 millones de años de edad, es joven en tiempo estelar. Tiene más del doble del tamaño y es casi el doble de caliente que nuestro Sol. Dado que la atmósfera del planeta se ve constantemente azotada por niveles altos de radiación ultravioleta, el planeta puede que esté arrojando una cola de material planetario evaporado como un cometa. “KELT-9 emite tanta radiación ultravioleta que puede que evapore completamente el planeta”, explica Keivan Stassun (Vanderbilt University).

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Descubierta una súper-Tierra cercana en la zona de habitabilidad de una estrella fría

por Amelia Ortiz · Publicada 30 mayo, 2017 ·
30/5/2017 de Instituto de Astrofísica de Canarias / Astronomy & Astrophysics


Diseño artístico de la súper-Tierra GJ 625 b y su estrella, GJ625 (Gliese 625). Crédito: Gabriel Pérez, SMM (IAC).

Un equipo internacional liderado por investigadores del IAC descubre con la técnica de velocidad radial un planeta posiblemente rocoso en el borde de la zona habitable de una enana roja. Solo se conocen unas decenas de sistemas planetarios de este tipo y su detección ha sido posible con el espectrógrafo HARPS-N del Telescopio Nazionale Galileo (TNG), instalado en el Observatorio del Roque de Los Muchachos, en La Palma.

Hace apenas 25 años no se conocían más planetas que los del Sistema Solar. Hoy, en cambio, sabemos que hay más de 3.500 exoplanetas poblando el Cosmos. Para detectarlos, hay diversas técnicas, siendo una de las más comunes la técnica de velocidad radial. Consiste en medir los cambios en la posición y la velocidad de una estrella a medida que ésta y un planeta a su alrededor orbitan su centro de masas común. Según la masa de ambos objetos, la fuerza gravitatoria hará que varíen más o menos y ese efecto se reflejará en un desplazamiento en el espectro de la estrella observada.

Con este método, el estudio liderado por los investigadores Alejandro Suárez Mascareño (IAC-Observatorio de Ginebra), Jonay Isaí González Hernández (IAC) y Rafael Rebolo (IAC), ha conducido al descubrimiento de un planeta con una masa entre dos y tres veces  la terrestre que podría ser rocoso. Ésta es la sexta súper-Tierra más cercana a nuestro sistema solar en la zona de habitabilidad de su estrella, una enana roja que se encuentra entre las 100 estrellas más próximas al Sol. Los resultados de este trabajo, en el que también ha participado el INAF (Istituto Nazionale di Astrofisica), el IEEC (Institut d’Estudis Espacials de Catalunya) y el TNG (Telescopio Nazionale Galilleo), han sido aceptados para su publicación en la revista Astronomy & Astrophysics.

Este planeta es especialmente interesante por su cercanía. A 21 años luz, en nuestro vecindario cósmico, es una de las súper-Tierras conocidas menos masiva, que además se encuentra en la zona de habitabilidad de la estrella GJ625 (Gliese 625), una enana roja. Con los 151 espectros que obtuvieron los astrónomos, dedujeron que el planeta tarda unos 14 días en dar una vuelta alrededor de su estrella en una órbita cercana. “Como GJ625 es una estrella relativamente fría –explica Alejandro Suárez Mascareño, primer autor del estudio- el planeta se encontraría en el borde de la zona de habitabilidad, donde podría existir agua líquida. Además, dependiendo de la cobertura de nubes de su atmósfera y de su rotación, podría ser potencialmente habitable”.

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Un planeta recién encontrado podría tener un sistema de anillos mucho mayor que el de Saturnopor Amelia Ortiz · Publicada 29 mayo, 2017 ·
29/5/2017 de Scientific American /  Monthly Notices of the Royal Astronomical Society


Observado en esta imagen de la sonda Cassini de NASA, iluminado desde atrás por el Sol, Saturno es el planeta con anillos más majestuoso de nuestro Sistema Solar. Pero podría ser muy poca cosa comparado con un supersaturno descubierto recientemente en órbita alrededor de otra estrella. Crédito: NASA, JPL-Caltech, Space Science Institute.

Aunque los anillos planetarios son extremadamente comunes en nuestro Sistema Solar (cada gigante de gas que rodea a nuestro Sol posee uno) han resultado ser difíciles de observar alrededor de mundos orbitando otras estrellas. Más de dos décadas de caza de planetas han revelado sólo un planeta con anillos, una versión en grande de Saturno que los investigadores apenas han empezado les tediar con telescopios muy grandes. Pero ahora pueden haber hallado un segundo supersaturno, medio escondido en un disco de gas y de polvo que rodea a una joven estrella, un mundo que puede observarse con telescopios de aficionado.

Hace unos años, un equipo de astrónomos del proyecto WASP observó una característica inusual alrededor de la estrella llamada PDS 110. Casi dos años más tarde, otro astrónomo observó la misma característica en datos del disco de PDS 110 en un proyecto y con un instrumento distintos, completamente independientes de la primera detección. Separadas por más de 800 días, las observaciones eran casi idénticas. Ambas revelaban una extraña caída en el brillo de la estrella de 25 días, algo demasiado largo para ser explicado como la sombra de un planeta pasando por delante de la cara de la estrella vista desde la Tierra.

Hugh Osborn (Universidad de Warwick) y sus colaboradores propusieron que la señal inusual podría ser un sistema de anillo alrededor de un compañero no observado con anterioridad, que se mueve a través del disco de gas y polvo sobrante de la formación de la estrella. Esos anillos se extenderían a lo largo de 50 millones de kilómetros (casi 200 veces más anchos que los anillos de Saturno). Un sistema de anillos tan enorme sólo podría se mantenido por un objeto central masivo, potencialmente un planeta gigante de gas aún mayor que Júpiter. Alternativamente, el compañero no observado podría ser una enana marrón, un objeto a mitad de camino en masa entre un planeta y una estrella.

La órbita de este mundo con anillos debería de volver a hacerlo observable en septiembre de 2017. Incluso un telescopio de aficionado debería de ser capaz de detectar la profunda sombra de los anillos iluminados desde detrás por la estrella. Este tercer conjunto de observaciones debería de proporcionar a los astrónomos los datos que necesitan para confirmar que se trata, efectivamente, de la sombra de algo que se encuentra dentro del disco que bloquea periódicamente a luz de a estrella. “No podemos afirmar estrictamente que se trata de un fenómeno periódico hasta que no veamos otro eclipse”, afirma Osborn.

A diferencia de los anillos de Saturno, que se encuentra casi en el mismo plano que la órbita del planeta, los hipotéticos anillos alrededor de PDS 110 se¡estarían inclinados más perpendicularmente, como los de Urano, sobresaliendo por encima del disco circunestelar. Osborn afirma que esta distorsión podría ser resultado de interacciones con otro planeta no detectado.

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Dan los primeros pasos tentativos para explorar el posible clima de Proxima b
por Amelia Ortiz · Publicada 17 mayo, 2017 ·
17/5/2017 de University of Exeter / Astronomy & Astrophysics
Esta ilustración nos muestra la superficie del planeta Próxima b orbitando a la estrella enana roja Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sistema Solar. Crédito: ESO/M. Kornmesser.

Un equipo de investigadores ha dado los primeros pasos en el estudio del posible clima del exoplaneta hallado en órbita alrededor de la estrella más cercana a nuestro Sistema Solar, Próxima Centauri. Los estudios iniciales sugerían que el planeta se encuentra en la zona habitable de la estrella, es decir, la región donde, si tiene una atmósfera como la de la Tierra y una estructura adecuada, recibiría la cantidad de luz justa para mantener agua líquida en su superficie.

Ahora, un equipo de expertos en astrofísica y meteorología se ha puesto a investigar el posible clima del planeta para revelar, en última instancia, si posee la capacidad de mantener vida.

Utilizando un moderno modelo, que ha sido empleado con éxito en el estudio del clima de la Tierra durante varias décadas, el equipo de científicos simuló el clima de Proxima b, si tuviera una atmósfera con una composición similar a la de nuestra propia Tierra. También examinaron el caso con una atmósfera mucho más sencilla, compuesta por nitrógeno con trazas de dióxido de carbono, así como variaciones en la órbita del planeta. Esto les permitió comparar y superar estudios anteriores.

Los resultados de las simulaciones demostraron que Proxima b podría tener el potencial de ser habitable y gozar de un clima notablemente estable. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer antes de determinar si este planeta puede mantener, o de hecho mantiene, vida de algún tipo.

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Astrónomos observan por primera vez la formación de planetas

por Amelia Ortiz · Publicada 17 mayo, 2017 ·
17/5/2017 de University of Michigan / Nature Astronomy


El sistema planetario observado en este estudio muestra un aspecto similar al de esta imagen de ALMA del disco de formación de planetas alrededor de un joven estrella de tipo solar. El recuadro (parte superior derecha) hace un zoom sobre el hueco más cercano a la estrella, que está a la misma distancia a la que se encuentra la Tierra del Sol, lo que sugiere que una versión infantil de nuestro planeta podría estar surgiendo del polvo y el gas. Las características adicionales concéntricas claras y oscuras, representan a otras regiones de formación de planetas en regiones del disco más alejadas. Crédito: S. Andrews (Harvard-Smithsonian CfA), ALMA (ESO/NAOJ/NRAO).

Observar la formación de un planeta no es fácil.  Los planetas se forman en el plano medio de discos de partículas de gas y de polvo que rodean estrellas jóvenes y hasta ahora, los astrónomos no habían podido observar este plano medio debido a que los gases en el disco son demasiado opacos.

Por primera vez, utilizando los datos de ALMA, el telescopio internacional localizado en Chile, un grupo de astrónomos de la Universidad de Michigan han podido observar la formación de planetas, registrando la temperatura y cantidad de gas presente en las regiones más prolíficas de  ‘producción’ de planetas.“Previamente, hemos observado discos en el proceso de elaboración de planetas, pero nuestras observaciones sólo arañaban la superficie”, dijo Edwin Bergin. Ahora, Bergin y su equipo, que incluye al becario postdoctoral Ke Zhang, desarrollaron un método que permite asomarse a ese plano medio, en este caso, un disco a unos 180 años luz de distancia con un sol alrededor de 0,8 veces la masa de nuestro Sol.

Para observar la temperatura y otras condiciones del nacimiento de un planeta, los astrónomos utilizaron hidrógeno molecular, la molécula más abundante en una región donde se forman planetas o estrellas. Debido a que el hidrógeno molecular no se puede detectar en las temperaturas frías asociadas con los nacimientos de planetas, los astrónomos se centraron en una molécula diferente que existe junto al hidrógeno molecular, siendo utilizada como un proxy para el hidrógeno molecular. El equipo utilizó una forma rara de monóxido de carbono como esta ‘molécula trazadora’.

Basados en la distribución de este monóxido de carbono, los astrónomos pudieron calcular la cantidad de masa disponible en el plano medio de una formación planetaria. Usando una forma diferente de monóxido de carbono, los investigadores también midieron la temperatura de la región sobre la base de cuán brillantemente la molécula brillaba. Otra conclusión importante de este trabajo es la primera medición directa de lo que se llama la línea de nieve de monóxido de carbono. Esta línea de nieve es el radio en el que el monóxido de carbono se congela en el plano medio. Más allá de este radio, el calor del sol ya no puede mantener el monóxido de carbono en forma de vapor en el plano medio y se congela como hielo sobre la superficie de los granos de polvo.

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Vientos variables en un exoplaneta gigante caliente ayudan a estudiar el campo magnético

por Amelia Ortiz · Publicada 16 mayo, 2017 ·
16/5/2017 de Planetary Science Institute


Ilustración de la atmósfera turbulenta de un planeta gigante caliente mucho mayor que Júpiter, similar a HAT-P-7b. Crédito: NASA/JPL-Caltech/MIT/Principia College.

La científico senior Tamara M. Rogers, del Planetary Science Institute, ha descubierto que la gran variabilidad de los vientos del exoplaneta gigante caliente HAT-P-7b es debida al magnetismo y ha utilizado esas medidas para desarrollar un método nuevo que permite determinar el campo magnético de este tipo de objetos.

HAT-P-7b fue descubierto por la misión Kepler de NASA en 2008. Es casi un 40 por ciento mayor y casi un 80 por ciento más masivo que Júpiter. Completa una órbita alrededor de su estrella cada dos días y se halla tan cerca que la temperatura en la cara diurna podría ser de 2200 Kelvin (1927ºC), con una cara nocturna 1000 Kelvin (727 ºC) más fría.

Esta gran diferencia entre las temperaturas del día y de la noche produce fuertes vientos en la atmósfera que soplan hacia el este y desplazan las temperaturas más altas lejos de la zona del planeta que apunta directamente a la estrella en la cara diurna (el punto subestelear). Sin embargo, esta zona caliente se desplaza de manera importante con el transcurso del tiempo, incluso acabando en el lado oeste del punto subestelar. Esto significa que también los vientos cambian de manera significativa.

“Las temperaturas extremas de HAT-P-7b ionizan los metales alcalinos como litio, sodio y potasio, lo que produce el acoplamiento de la atmósfera al campo magnético. Las fuerzas magnéticas son entonces capaces de perturbar los fuertes vientos hacia el este, produciendo vientos variables e incluso de direcciones opuestas”, afirma Rogers. Utilizando un modelo hidrodinámico de la atmósfera en combinación con un modelo magnetohidrodinámico para reproducir las variaciones observadas en la posición de la zona caliente, Rogers consiguió determinar un valor mínimo de la intensidad del campo magnético de este planeta hallando que es seis veces el de la Tierra.

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